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La marca España en China y el déficit comercial

Imagen: elEconomista.esDesde el estallido de la crisis económica, España ha visto mejorar su déficit comercial a un ritmo espectacular, casi frenético. Desde 2008 a 2015 se han reducido más de 60.000 millones de deuda derivada de nuestra demanda de bienes y servicios del exterior. De hecho, en 2014 y 2015 existió superávit en estas cuentas (gracias al turismo), y solo nuestra dependencia energética exterior lastró el resultado final, que se cerró con un saldo negativo de 20.000 millones.

Los motivos de esta reducción del déficit son varios: una menor de capacidad de consumo de empresas, gobierno y familias; la mejor posición económica de los países de la Eurozona (principales importadores de los productos españoles); la línea ascendente del turismo (sobre todo en volumen total de visitantes); y la apuesta internacional de algunos sectores.

Uno de los esfuerzos más comentados ha sido el empuje desde hace años de la llamada Marca España, motivo de orgullo para muchos por ver aunado el esfuerzo de todo un país, y de mofa para no menos gente ante capítulos de corrupción y chapuzas varias de empresas españolas por el mundo. Pero, ¿qué es eso de la marca España? ¿Es realmente útil? Para hacer este pequeño análisis, vamos a centrarnos en el caso de China, país donde empresas y empresarios españoles han puesto sus ojos por ser el mayor mercado global.

Comencemos diciendo que la llamada Marca España es un proyecto institucional que busca mejorar la imagen de “España” (evidentemente) a nivel global, centrándose en cuestiones culturales, sociales y, por supuesto, económicas. Su principal misión es dar difusión de los grandes logros conseguidos por los españoles o sus empresas en todo el planeta, fomentando foros y encuentros, promocionando el talento, o hablando de innovación. Es decir, la marca España somos nosotros, y si no hay nada de lo que presumir, este país no avanza ni con 100 lobbys que nos representen. Y esto vale tanto para España, como para cualquier otra nación, región y pueblo del mundo.

marcaespana

España en el mundo: Ese país con personas simpáticas que presumen de sol y venden jamón.

Vayamos al tema. ABC y El País mostraban recientemente dos estudios con resultados muy similares sobre la visión del mundo respecto a nuestro país, con datos no por esperados, menos desalentadores. Para el resto del planeta, por lo general, España sigue siendo un país de personas simpáticas referentes en ocio, pero que tecnológicamente no tenemos ningún peso. Y esto es así porque, por mucho esfuerzo institucional que se haga de puertas afuera, sin una verdadera apuesta nacional por la economía digital, que potencie casos extraordinarios como el de BQ, poco habrá de lo que presumir.

Hago un pequeño paréntesis: sintámonos orgullosos de nuestra naturaleza amable. Esto nos abre muchas puertas (sobre todo en fiestas Erasmus) y seguramente, cuando terminen por conocernos, muchos extranjeros se sorprendan del potencial de España. Somos mucho más que líderes en sombrillas por metro cuadrado en nuestras playas y campeones del mundo en 2010. Inventamos el submarino, y hemos mandado a un par de paisanos al espacio… Pero el estado actual de las cosas requiere cambios profundos. E inmediatos.

Sigo. Leo que el “objetivo de España es posicionarse como 4º país exportador de la Unión Europea a China”, pero nuestro principal caballo de batalla es el sector primario. Un dato: hemos superado en exportaciones agroalimentarias a China los 500 millones de euros. Los mercados del vino, aceite de oliva, vegetales y jamón están en auge, no hay quién lo dude. La Marca España tiene en la gastronomía uno de sus mayores referentes, además del textil. Y evidentemente esto tiene que notarse, sobre todo en China, donde, junto a nuestra fiel América Latina, lo español está muy de modaPero, ¿es esto suficiente para luchar contra el histórico déficit comercial?

Exportaciones españolas a China por sectores. Año 2015. Fuente ICEX.

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Volvamos al punto de inicio de este post: Desde el estallido de la crisis económica, España ha visto reducido su déficit comercial a un ritmo espectacular, casi frenético… hasta 2013. En 2014 se vislumbró el primer cambio de tendencia desde 2007, con un incremento en las exportaciones superiores a las importaciones, que se ha repetido en 2015. Las previsiones en 2016 son que el saldo comercial exterior no energético volverá a ser deficitario por primera vez desde 2012, algo que sumado al previsible incremento del precio del petróleo, nos devolverá a cifras del 2011, con un déficit superior a los 30.000 millones.

En otras palabras: la mejora de la que se ha presumido durante los últimos años parece haber sido extremadamente volátil. Y si lo pensamos bien, esto ha ocurrido porque no se ha hecho ninguna apuesta importante por cambiar estructuralmente nuestra dependencia exterior. Sin apenas I+D+i terminaremos siendo un país eminentemente exportador de productos primarios y semielaborados y de recursos naturales (como el sol y la playa)… y este es un riesgo que España no puede permitirse, aunque vamos camino de ello.

deficit espana

Si volvemos a analizar el caso de China, nos daremos cuenta de esta deprimente realidad: por cada euro que vendemos de aceite de oliva a los supermercados chinos, adquirimos diez de su hardware. Y por cada euro de productos cárnicos que nos compra el gigante asiático, gastamos 8 veces más en sus terminales móviles. Y no nos equivoquemos… China no es un mero productor de baratijas (que también las hace). Cada vez sofistica más sus productos finales, con líneas cuidadas de diseño y software, y apostaría a que serían competitivos incluso jugando con las reglas occidentales en cuestiones laborales o de servicio postventa.

La visión tradicional de China de personas trabajadoras que copian lo occidental cambia al ritmo que lideran sectores tan importantes para el futuro como la nanotecnología o las sostenibles.

Importaciones españolas de China por sectores. Año 2015. Fuente ICEX.

Captura de pantalla 2016-02-21 a las 11.56.52 AM

A modo de conclusión.

Vamos a ir cerrando.

Me preocupa mucho el caso de España. Muchísimo. Desde hace años somos demasiados los que pedimos un cambio estructural hacia una economía dinámica basada en las posibilidades digitales. Los espejismos con los que nos bombardean desde múltiples fuentes no pueden negar la realidad de los datos, y algo tan aparentemente positivo como las exportaciones del sector primario no muestran sino una precaria competitividad en sectores más avanzados.

Voy a aclarar esto un poco más: exportar jamón, vino y queso manchego es genial para nuestra economía. Hay que mimar el sector agroalimentario y apostar por su salida al exterior. Y hagamos lo mismo con el turismo, y si me apuras, la construcción. Siguen siendo Marca España, y muchos puestos de trabajo dependen de ellos. Pero en el siglo XXI es necesario algo más. Si no dotamos a nuestra economía y a nuestros sectores de la inversión necesaria en I+D+i, de profesionales cualificados, de escalabilidad y mayor valor añadido, estamos condenados. Sin sectores de futuro como la nanotecnología, la biotecnología o las energías renovables la marca España seguirá exportando principalmente simpatía y buen humor, tan necesarios en este mundo, pero que nos alejan cada vez más de lo que entendemos como ‘países desarrollados’.

Así que, señores y señoras, más que esforzarnos en vender lo que representa ‘lo español’ (cuestiones políticas al margen), deberíamos trabajar en tener algo que vender.

Fin.